690. The Isley Brothers: Gritos de la hermandad

Por Sergio Monsalvo C.

Dentro de la cultura del rock ha habido dos clases de hermandades. Una ha sido la tóxica, al estilo de los hermanos Everly, los Davis (Kinks) o los Gallagher (Oasis), son proyectos consanguíneos que nacen creativos, pero que regularmente se autodestruyen y ventilan sus pleitos de forma pública. La otra clase es a la que pertenecen los hermanos Isley, una fraternidad propositiva, ubicua y de largo alcance en el tiempo, quizá también se peleen, pero lo hacen intramuros y de manera que no afecte su carrera. El grupo tiene el récord de ser el más longevo y el que más tiempo ha permanecido en activo en la historia de la música. Su carrera abarca ocho décadas, ha incorporado a miembros de varias generaciones, y ha interpretado géneros musicales diversos como el gospel, soul, funk, doo-wop, rhythm and blues, rock, soft rock e incluso el hip hop, desde que se fundaron.

Los Isley Brothers nacieron en Ohio, en los Estados Unidos, como hijos de un matrimonio que practicaba la música. Como los miembros de una comunidad afroamericana asistían asiduamente a la iglesia y formaban parte del coro. Circunstancia en la que sobresalían y por la que fueron incentivados por sus padres para hacerlo de manera profesional.

De esta manera los cuatro hermanos (O’Kelly Jr, Rudy, Ronald y Vernon), formaron el grupo y salieron de gira por todos los rincones del estado. Les iba más mal que bien, ante la falta de oportunidades, hasta que todo se torció para peor. Vernon murió en un accidente de tráfico y optaron por deshacer el grupo. No obstante, un año después sus padres volvieron a alentarlos y como trío decidieron irse a Nueva York a probar fortuna en sellos independientes y dentro del doo-wop.

Hacia el fin de la década, los Isley Brothers pasaron desapercibidos y sin un solo éxito. Por entonces, se presentaban como grupo abridor para los shows de otros artistas, hasta que finalmente recibieron el impulso necesario cuando el cantante Jackie Wilson, de enorme popularidad por entonces, los llamó para abrir una de sus presentaciones.

Ante la oportunidad, echaron mano de todo lo aprendido y crearon, con la ayuda del gospel, una forma única. Ronald, el cantante principal, grito «You know you make me want to shout!», a lo cual el público espontáneamente devolvió el grito de “Shout!” y aquello fue todo emoción.

La audacia los llevó a conseguir un contrato con la RCA Records, para la que grabaron la canción, “Shout”, compuesta por ellos, que se convirtió en un gran éxito en las listas de popularidad e impulsó la carrera del trío. La pieza cobró mayor proyección cuando se realizaron cóvers de ella en toda la Unión Americana y en la Gran Bretaña, hecho que proporcionó a los hermanos su primera venta de millones de copias, con tal sencillo.

El siguiente fue un triunfo aún mayor, tuvo que ver lo intercultural y con el inicio en el andar de un clásico para toda la eternidad, así que vayamos por partes.

“La Bamba” fue el ingrediente llevó a cabo el inicio de lo que actualmente se conoce como rock chicano. Tal innovación fue el resultado de un combinado híbrido en la que se citaban los ritmos del doo-wop y el rock & roll con los del huapango. Dicha mixtura de una pieza netamente tradicional representó (y lo sigue haciendo) la amalgama de dos culturas: la mexicana y la estadounidense.

El impacto de aquella canción reanimada con el rock and roll fue importante, gracias a la interpretación de Ritchie Valens, y su reverberación continúa hasta la fecha. Pero por entonces, influyó en la manera de componer. La primera derivación de aquello fue un tema compuesto por el tándem Phil Medley y Bert Russell, que continuaría con esa proyección y proporcionaría material para el futuro.

Los temas que se sustentaron de ella fueron muchos y diversos, tanto que con su calidad fijaron su lugar en la historia de la música, y del rock en particular (que reviviría un año después, allá en la comarca de Albión). Entre su largo listado, hubo una canción que al instante se convirtió en un standard para todo grupo, tanto para animar como para cerrar sus presentaciones: “Twist and Shout”.

La pieza fue titulada originalmente como “Shake It Up, Baby”, y grabada en primera instancia por el grupo The Top Notes (el 23 de febrero de 1961); casi enseguida fue versionada y conocida mundialmente por The Isley Brothers y a la postre con los Beatles.

El patrón de su armonía, melodía y ritmo estaba inspirado en las progresiones armónicas de la música latina, cuyo exponente más evocativo fueron los acordes de la canción tradicional mexicana, que había popularizado Valens en la Unión Americana en 1958.

En 1961, un año después de que Phil Spector se convirtiera en parte del equipo de productores de la compañía Atlantic Records, se le preguntó si podía producir un sencillo para un prometedor grupo vocal llamados los Top Notes (a veces llamados también Topnotes): se trataba de “Shake It Up, Baby”.

Esto sucedió antes de que Spector perfeccionara su técnica conocida como Wall of Sound, por lo que la grabación careció de la energía demostrada por el grupo en sus actuaciones en vivo. Cuando uno de sus compositores, Bert Berns, escuchó la mezcla final, le dijo a Spector que había arruinado la canción y predijo poco éxito para el sencillo. Así sucedió, pero el compositor no se dio por vencido.

Cuando los Isley Brothers andaban de capa caída y sin haber obtenido ningún hit reciente, le comunicaron a la compañía que habían decidido grabar su propia versión de aquel tema, comenzaba a correr el año de 1962. Berns optó por producirla él mismo y mostrarle así a Spector cuál era el sonido que él hubiera querido para la grabación primera. De tal forma, la canción se convirtió en la primera del trío fraterno en llegar al Top 20 en las listas del Billboard.

La versión del trío, con Ronald Isley en la voz principal, fue la primera grabación de mayor éxito de la canción. Alcanzó el puesto número 17 en la mencionada publicación y el número dos en la lista de rhythm and blues estadounidense. A partir de ahí fue frecuentemente versionada en el bienio siguiente de los años sesenta.

Según Ronald, la canción iba a ser el lado B de su disco sencillo, con “Make It Easy on Yourself” en el A (una pieza compuesta por Burt Bacharach y que había sido un éxito con el cantante Jerry Butler, quería para ese lado algo seguro). Cuando el grupo la grabó, los hermanos no pensaron que la canción pudiera tener repercusión, y que sería un fracaso. Para su sorpresa, ocurrió exactamente lo contrario.

De tal manera, la festiva “Twist & Shout”, se transformó en un tema del soul, con diferente lírica. Con tal forma llegó vía marítima a los puertos de Inglaterra, desde donde se distribuyó en todo pub y recinto donde hubiera una jukebox y, por supuesto, a los de Liverpool.

Pasando por el molino del sonido beat de aquellos lares, la canción obró otra de sus metamorfosis. Fue uno de los mejores ejemplos de cómo los Beatles transformaban con su estilo a un tema (ya de por sí bueno) en la versión más representativa. A eso se le llama hacer arte y no sólo una imitación rutinaria.

Hicieron dos tomas de la canción, pero la buena fue la primera. John tenía algo de gripa y había tomado leche y pastillas para la garganta todo el día, y cuando llegó a esta parte sabía, como George Martin y todos los demás, que su maltratada voz solo podría intentarlo una vez.

El resultado, una voz rota y desgarrada a lo largo del tema, cuyo grano movió los cimientos de la música contemporánea. Hoy en día, en la mente colectiva existe una única versión de “Twist and Shout”, la de los Beatles. Es la canción con la que cerró su álbum debut, Please Please Me. La historia de tal canción continúa cada vez que un grupo la utiliza para cerrar con estrépito su actuación.

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